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Refrescos, principal causa de obesidad y diabetes en México.

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En América Latina, el sobrepeso y la obesidad afectan a 25 % de los niños y jóvenes menores de 19 años. México es el 4 consumidor de refrescos a nivel mundial. Se consumen 163 litros por persona anualmente. Seguido muy de cerca por Argentina y Chile. En México, en el periodo de 1999 a 2006, la energía consumida proveniente de bebidas altas en energía, en las que el refresco representa un papel predominante, incrementó más del doble en adolescentes y se triplicó en los adultos.

En el mundo existen un millón cuatrocientos mil adultos con un IMC de por lo menos 25, de los cuales quinientos millones son obesos (40% hombres y 60% mujeres). La prevalencia de obesidad aumentó más del doble entre 1980 y el 2014: 11% de los hombres y 15% de las mujeres eran obesos. Se estima que 42 millones de niños menores de cinco años tenían sobrepeso o eran obesos en el 2015, casi un aumento de 11 millones en 15 años.

De acuerdo con el Cirujano Bariatra Fernando Pérez Galaz Coordinador del Instituto de Obesidad y Síndrome Metabólico del Hospital Ángeles Lomas y Director de la Clínica integral Balianz, la obesidad exógena se presenta cuando existe un desequilibrio entre la ingesta energética y su deficiente gasto, por lo que puede definirse como: “el incremento en el peso corporal debido a la excesiva acumulación de grasa; y por la asociación que existe con un mayor riesgo de comorbilidades como diabetes tipo 2, síndrome metabólico,  hipertensión arterial y enfermedades cardiovasculares entre otras”. Comenta el especialista en obesidad.

En México existen cincuenta y tres millones de adultos obesos y los grupos de edad más afectados se encuentran entre los rangos de 49 a los 59 años de edad por lo tanto el objetivo principal en el manejo de la obesidad es la pérdida de peso equilibrada, la prevención de las complicaciones cardiovasculares y metabólicas con aumento de la calidad de vida, reducción de la mortalidad y en el caso del sobrepeso, reducción del riesgo de la obesidad.

Nuestro país es pionero en la aplicación de un impuesto a las bebidas azucaradas. En el 2013 se aprobó por el Congreso de la Unión un aumento de 1 peso al Impuesto Especial de Productos y Servicios (IEPS). Esta medida causó mucha polémica tanto a favor o en contra. Cifras del Instituto Nacional de Salud Pública reportaron que el consumo de refrescos disminuyó en un 7% durante el 2014 a solo un año de su implementación y que el segmento de la población más afectado por este incremento fue el de bajos ingresos lo que generó una buena respuesta de diversos organismos nacionales e internacionales, ya que este segmento de la población es el que se tiene mayor riesgo de sobrepeso y obesidad.

Otros países han implementado la misma estrategia que México al establecer impuestos a refrescos que van desde el 10 al 20% tal es el caso de la ciudad de Berkley en California, Estados Unidos; también en Chile y Argentina se están analizando propuestas para implementar un impuesto al consumo de estas bebidas. Sin embargo las cifras de la Asociación Nacional de Productores de Refrescos y Aguas Carbonatadas (ANPRAC), reportó un crecimiento en el volumen de venta de refrescos acumulado de enero a abril 2016 de 2% en comparación con el mismo periodo del año anterior.

El riesgo de las bebidas azucaradas.

Diferentes estudios han identificado el consumo de bebidas azucaradas como un factor de riesgo importante de desarrollar tanto diabetes tipo 2 como el llamado síndrome metabólico (coincidencia de tres o más factores de riesgo cardiovascular), un hecho que en gran medida se debe al aumento del índice de masa corporal (IMC). Así, se ha comprobado que por el consumo de cada 150 kilocalorías por persona y día, equivalente al contenido de una lata de refresco azucarado, se incrementa la tasa de diabetes en 1%.

Por lo general, las bebidas azucaradas se endulzan con sacarosa o fructosa, esta última procedente de frutas (jarabes), que inhiben la producción de leptina e insulina, hormonas relacionadas con la regulación de azúcar en sangre y la obesidad. Además, el alto consumo de fructosa es precursor de la resistencia a la insulina, lo que favorece en la acumulación de grasa en el hígado (hígado graso) y el desarrollo de diabetes tipo 2, así como el aumento de la presencia de ácido úrico en sangre (el consumo de más de dos bebidas de este tipo al día incrementa un 85% el riesgo de sufrir gota).

Por otra parte, el consumo de dos o más refrescos diarios duplica el riesgo de sufrir síndrome metabólico, aumentando la presencia de triglicéridos en sangre y reduciendo la producción de lipoproteínas de alta densidad (HDL o colesterol bueno), lo que favorece la hipercolesterolemia.

“La obesidad tiene un impacto profundo en la sociedad. Las personas que la padecen tienen un riesgo importante de muerte temprana. Es urgente desarrollar más y mejores políticas sobre educación nutricional y educación física para fomentar una alimentación sana y una cultura del deporte en nuestros niños y jóvenes. Solo así podremos ganarle la batalla a esta enfermedad”. Finalizó el experto en obesidad Doctor Fernando Pérez Galaz.

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