Todo sobre la displasia de cadera
La displasia de cadera es una alteración ósea que afecta principalmente a los bebés y niños pequeños, en donde la cabeza del fémur no encaja correctamente en la cavidad de la pelvis, lo que puede provocar problemas de movilidad si no se detecta a tiempo. Este trastorno es más frecuente en niñas, ya que, según expertos, “la displasia de cadera es una alteración que no permite que la cabeza femoral encaje correctamente en la cavidad de la pelvis. Tanto en México como en el resto del mundo es más común en bebés del sexo femenino. Es decir, por cada 10 afectados, ocho son niñas”, explica el licenciado en órtesis y prótesis, René Govea Hernández, egresado del Instituto Nacional de Rehabilitación (INR) y director para México de Ottobock Academy. La prevalencia en niñas es ocho veces mayor, lo que evidencia la importancia de realizar revisiones tempranas y constantes.
Las causas específicas del desarrollo de la displasia de cadera no se conocen con certeza, sino que se atribuyen a diversos factores. Entre estos, destacan aquellos relacionados con el embarazo y el parto, como una baja cantidad de líquido amniótico, que puede influir en la libre movilidad del feto. Además, la posición en la que se presenta al bebé durante el parto, especialmente si nace en presentación podálica o de nalgas, incrementa el riesgo de que se presente la displasia de cadera. Los antecedentes familiares también juegan un papel importante en su aparición, por lo que en familias con historia de esta condición, es fundamental un seguimiento riguroso. La revisión del recién nacido, que incluye un examen físico y técnicas de imagen como ultrasonido o rayos X, ayuda a detectar la displasia de cadera de manera temprana.
El diagnóstico de la displasia de cadera puede hacerse en los primeros días tras el parto, en el momento de la revisión neonatal, o en visitas pediátricas posteriores, si los signos no fueron evidentes inicialmente. La posición en la que se envuelve al bebé puede influir también en el desarrollo de la malformación. Es importante evitar envolverlos con los pies juntos, ya que esto puede promover la displasia. La postura ideal para el bebé es aquella que le permita flexionar y extender sus piernas con naturalidad, facilitando un desarrollo adecuado de las articulaciones de la cadera.
Para las infancias con diagnóstico de displasia de cadera, existen tratamientos efectivos, como la órtesis Tübingen desarrollada por Ottobock. Esta férula crea las condiciones ideales para que la articulación surja en una posición correcta y completa, logrando que la cabeza del femur encaje adecuadamente en la cavidad. La postura en la que la cadera se flexiona en más de 90 grados, conocida como la posición en cuclillas-sentado, es la que facilita el desarrollo natural y la maduración ósea. La férula ayuda a mantener esta posición, favoreciendo la recuperación y la maduración de la cadera en los niños pequeños.
El seguimiento pediátrico cuidadoso y la aplicación de tratamientos oportunos previenen complicaciones futuras, como cojera, dolor persistente o problemas degenerativos. La displasia de cadera, si se detecta y trata a tiempo, puede corregirse sin secuelas mayores, permitiendo que los niños tengan un crecimiento saludable. La sensibilización sobre la importancia de revisiones periódicas y la correcta manipulación del bebé en los primeros meses puede marcar la diferencia para procurar un desarrollo articular adecuado y prevenir molestias en etapas posteriores de la vida.
Garantizar la salud de las caderas desde temprana edad contribuye significativamente a mejorar la calidad de vida futura, promoviendo una movilidad sin limitaciones y evitando complicaciones que puedan surgir por un diagnóstico tardío de la displasia de cadera. La atención temprana, combinada con tratamientos especializados y técnicas de envoltura adecuados, asegura que el desarrollo de la cadera sea armónico y natural.