Síndrome cardiometabólico, el riesgo silencioso que multiplica las enfermedades del corazón en México

En la salud del mexicano, ciertos padecres crónicos parecen tener una peligrosa tendencia a no viajar solos. La hipertensión arterial, el colesterol elevado y los niveles de glucosa fuera de control rara vez se presentan de forma aislada; con frecuencia convergen en una misma persona, tejiendo una red de riesgo mucho más compleja y amenazante. Esta convergencia tiene un nombre clínico preciso: el síndrome cardiometabólico. No se trata simplemente de sumar padecimientos, sino de reconocer un estado fisiopatológico donde la resistencia a la insulina, la obesidad abdominal, la dislipidemia y la presión arterial alta interactúan, creando un continuo de riesgo que eleva de forma exponencial la probabilidad de sufrir eventos devastadores como un infarto al miocardio, una enfermedad cerebrovascular (embolia) o insuficiencia renal. Comprender este síndrome cardiometabólico es el primer paso para desarmar una de las principales amenazas para la salud pública en nuestro país, donde las enfermedades del corazón y la diabetes lideran de manera persistente las causas de muerte.

¿Qué es exactamente el síndrome cardiometabólico?

El síndrome cardiometabólico es un conjunto de alteraciones metabólicas interrelacionadas que incrementan de manera significativa el riesgo de desarrollar enfermedad cardiovascular y diabetes tipo 2. Su diagnóstico se basa típicamente en la presencia de al menos tres de los siguientes cinco criterios:

  • Obesidad abdominal: Un perímetro de cintura aumentado, que en mexicanos es un marcador clave de grasa visceral dañina.
  • Hipertrigliceridemia: Niveles elevados de triglicéridos en sangre.
  • Colesterol HDL bajo: Conocido como el “colesterol bueno”, sus niveles reducidos son un factor de riesgo.
  • Hipertensión arterial: Presión arterial igual o superior a 130/85 mmHg.
  • Glucemia en ayuno elevada: Un indicador de resistencia a la insulina y prediabetes.

La peligrosidad del síndrome cardiometabólico radica en que estos factores no solo coexisten, sino que se potencian entre sí. La resistencia a la insulina, por ejemplo, promueve la inflamación y el daño en las paredes de las arterias, facilitando la acumulación de placa de colesterol (aterosclerosis) y elevando la presión arterial. El resultado es que el riesgo cardiovascular no se suma, se multiplica.

Las cifras rojas: un panorama nacional que exige acción

Las estadísticas en México pintan un escenario donde el impacto del síndrome cardiometabólico es una realidad cotidiana y mortal. De acuerdo con las Estadísticas de Defunciones Registradas 2024 del INEGI, las enfermedades del corazón fueron la principal causa de muerte en el país, con 192,518 defunciones, seguidas muy de cerca por la diabetes mellitus, con 112,577. Juntas, estas dos condiciones explican poco más de una tercera parte de todas las muertes anuales en México, un dato alarmante que subraya la urgencia de abordar los factores de riesgo de manera integral.

Detrás de estas cifras hay una constante clínica: la hipercolesterolemia, la diabetes tipo 2 y la hipertensión están profundamente vinculadas. Según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut) 2022, la prevalencia de hipercolesterolemia en adultos mexicanos es del 18%. Sin embargo, el tamizaje para este y otros padecimientos crónicos es preocupantemente bajo, inferior al 15% de la población. Esto significa que, como señalan diversas publicaciones académicas, alrededor del 85.9% de las personas que viven con hipercolesterolemia desconoce su condición, al tratarse de un padecimiento asintomático que, sin diagnóstico, sigue dañando arterias y órganos en silencio año tras año.

Los tres pilares para cambiar la trayectoria del riesgo

Frente a este panorama, la prevención y el manejo efectivo se convierten en una prioridad. El Dr. Álvaro Gómez, Director de Asuntos Médicos de TEVA México, apunta que existen tres pilares fundamentales que pueden cambiar la trayectoria del riesgo cardiometabólico en la población:

  1. Prevención primaria: Adoptar hábitos de vida saludables desde edades tempranas.
  2. Detección oportuna: Realizarse exámenes periódicos incluso en ausencia de síntomas.
  3. Apego al tratamiento: Seguir de manera disciplinada las indicaciones médicas personalizadas.

La base de todo comienza con el estilo de vida. Adoptar hábitos saludables es la piedra angular:

  • Actividad física regular: Al menos 150 minutos de actividad moderada a la semana.
  • Alimentación adecuada: Rica en frutas, verduras, fibra y grasas saludables, baja en azúcares refinados, grasas saturadas y sodio.
  • Evitar el tabaco y el consumo excesivo de alcohol.
  • Manejo del estrés y sueño reparador.

A esto se suma la importancia crítica de los chequeos médicos periódicos. Medir la presión arterial, los niveles de colesterol (total, LDL, HDL, triglicéridos) y la glucosa en ayuno debe ser una práctica regular, guiada por un profesional de la salud que pueda establecer un diagnóstico preciso e indicar un tratamiento personalizado.

Hacia un manejo integral: la visión de la industria farmacéutica

Reconociendo que estas condiciones deben tratarse de manera conjunta y no aislada, la industria farmacéutica ha evolucionado su enfoque. Compañías como TEVA Pharma México están reforzando su portafolio cardiometabólico con el objetivo de ampliar las alternativas terapéuticas a disposición de los médicos. La meta es apoyar el manejo conjunto de lípidos y glucosa, contribuyendo al control integral del riesgo cardiovascular global de cada paciente.

“En TEVA México reunimos a las moléculas de referencia que han sido punta de lanza en el manejo de los padecimientos cardio-renal-metabólico en un solo portafolio”, afirmó el Dr. Álvaro Gómez. “Comprometidos con el nuevo modelo de atención integral para prevenir, atender y tratar las enfermedades crónicas que más afectan a la población, continuamos incorporando nuevos lanzamientos que contribuyen a prevenir complicaciones, al mismo tiempo que facilitamos el acceso a medicamentos asequibles para los pacientes mexicanos”.

Esta visión se sustenta en la premisa de que la calidad, accesibilidad y comodidad de un tratamiento son determinantes para que los pacientes mantengan un apego adecuado a su terapia, logrando así un control real y sostenido en el tiempo, que es finalmente lo que previene complicaciones graves.

El camino para enfrentar el desafío del síndrome cardiometabólico en México requiere un cambio de paradigma: pasar de tratar enfermedades aisladas a gestionar el riesgo de manera integral y proactiva. Esto implica una corresponsabilidad entre el sistema de salud, los profesionales médicos, la industria y, sobre todo, la población. Informarse, realizarse chequeos regulares, adoptar un estilo de vida saludable y seguir al pie de la letra el tratamiento prescrito son acciones poderosas que, en conjunto, pueden desacelerar la epidemia silenciosa de las enfermedades cardiometabólicas. La oportunidad de cambiar estas estadísticas no está en un futuro lejano, sino en las decisiones informadas que tomamos hoy por nuestra salud.