Selenio vs mercurio. En el atún, ganamos la batalla de la salud

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Es bien sabido que el pescado es rico en grasas saludables y ayudan a una madre en el proceso de embarazo. Sin embargo, las preocupaciones acerca del consumo de este alimento en esta etapa de la mujer siguen siendo comunes. Esto se debe en gran parte a suposiciones erróneas basadas en los hallazgos de los primeros estudios que se hicieron en las décadas de 1950 y 1960 en donde el mercurio en el pescado se volvió altamente tóxico debido a derrames que fábricas hacían en el agua y que los peces absorbieron, teniendo como consecuencia que las mujeres embarazadas que habían estado comiendo pescado envenenado tenían hijos con daño cerebral a pesar de que las propias madres no mostraban signos de daño.

Dado que el mercurio en el pescado tuvo efectos tan graves, existía la preocupación de que el mercurio normalmente presente en los mariscos también pudiera causar daño. Los primeros estudios realizados a fines de la década de 1980 informaron que las altas exposiciones de Mercurio durante el embarazo se asociaron con efectos adversos sutiles entre los niños. El estudio más referenciado involucró a una población isleña que vive en las Islas Feroe en el Atlántico Norte entre Escocia e Islandia, una población que se sabe que tiene exposiciones a Mercurio (MeHg) excepcionalmente altas.

Un estudio realizado por el Dr. Nicholas Ralston y la Dr. Laura Jean Raymond, ambos  investigadores biomédicos de la Universidad del Norte de Dakota (UND por sus siglas en inglés) concluyó que el atún aleta amarilla además de tener grandes beneficios para la salud, tiene un contenido de selenio que contrarresta por completo la toxicidad del mercurio, por lo que, es una gran opción para consumo durante todas las etapas de la vida de un ser humano.

Las distinciones entre las proporciones del Mercurio (MeHg) y Selenio en el pescado, y cómo estas diferencias influyen en los efectos tóxicos del mercurio son aspectos fundamentales de los riesgos relacionados con la exposición al mercurio. La alta afinidad de unión entre el selenio y MeHg es la causa central de la toxicidad de Mercurio y explica por qué comer selenio adicional protege contra la toxicidad del mercurio. Una vez que el mercurio se une al selenio, la enzima se bloquea y ya no puede realizar sus funciones vitales. Por lo tanto, agregar selenio a la dieta reemplaza el selenio perdido por la unión de MeHg, evitando así la pérdida de las actividades enzimáticas dependientes de selenio.

La mayoría de las evaluaciones de riesgos para la salud y la seguridad de los mariscos solo usan las concentraciones de MeHg como base, omitiendo la consideración de selenio. Un índice superior o mejor evaluado debería ser el cálculo de Mercurio en relación con el selenio, conocido como el Valor del Beneficio para la Salud (HBV por sus siglas en inglés). Este criterio según Ralston y Raymond proporciona una evaluación de riesgos precisa y confiable en lugar de los índices obsoletos basados ​​solo en MeHg.

La consideración del HBV de mariscos explica la diferencia entre los hallazgos de los estudios epidemiológicos de los riesgos del Mercurio asociados con el consumo de pescado en la etapa de maternidad. Dado que es particularmente rico en selenio, comer atún mejora el estado del selenio, previniendo y / o revirtiendo la toxicidad de MeHg. La cantidad de selenio presente en las variedades comúnmente consumidas de atún compensa la cantidad excesiva de exposición a MeHg de los mariscos consumidos.

Si bien la mayoría de las variedades de peces oceánicos son ricos en selenio, ácidos grasos omega-3 y otros nutrientes, sus efectos beneficiosos en la salud materna y fetal son consistentes con las expectativas basadas en VHB positivos, lo que con suerte permite que más consumidores aumenten su consumo de mariscos con mayor confianza.

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