Retrasos en el acceso a terapias innovadoras en América Latina: un desafío pendiente
En varios países de América Central y el Caribe, como Costa Rica, Guatemala, Panamá y República Dominicana, los pacientes enfrentan una espera promedio de aproximadamente 5.6 años para acceder a las terapias más innovadoras para tratar sus enfermedades. Este tiempo refleja no solo el proceso de aprobación, sino también los obstáculos que existen desde la aprobación internacional hasta que las nuevas medicinas están disponibles en el mercado local. El informe WAIT 2025 revela que esta espera ha aumentado comparado con el año anterior, cuando el promedio era de 4.7 años, evidenciando una tendencia preocupante en la región.
El índice considera el periodo desde la aprobación de un medicamento en el extranjero, hasta su aprobación y disponibilidad en el mercado local. En esta edición, evaluó 403 medicamentos en cinco áreas terapéuticas clave: oncología, enfermedades raras, inmunología, neurología y cardiometabolismo. Estas medicinas fueron aprobadas por instituciones como la FDA y la Agencia Europea de Medicamentos entre 2014 y 2024. Sin embargo, Costa Rica presenta el mayor retraso en el proceso regulatorio, con un promedio de 52 meses para la aprobación, mientras que países como Brasil y Chile muestran plazos más cortos y eficientes, reflejando las desigualdades en el acceso a la salud en la región. La diferencia en los tiempos totales de acceso, que en América Latina en promedio alcanza los 67 meses, en Costa Rica se extiende a unos 83 meses, es decir, casi 7 años y medio.
Este retraso en la disponibilidad de tratamientos innovadores puede ser solo la primera parte de un problema mayor, ya que muchas veces los pacientes necesitan una cadena de terapias y medicamentos complementarios. Según el estudio, en América Latina los pacientes tienen acceso a menos de la mitad de los medicamentos innovadores disponibles a nivel mundial, y esta brecha se amplía en el sector público, donde la cobertura y el acceso son aún menores. Además, el concepto de disponibilidad no solo se refiere a la aprobación, sino también a que los medicamentos estén cubiertos y sean reembolsados por los sistemas de salud locales.
Fernando Vizquerra, director del Clúster de Fedefarma para Guatemala y Costa Rica, afirmó que “el acceso a la innovación en salud no es un tema del futuro, sino un desafío del presente”. Para él, la colaboración entre gobiernos, sector privado y actores del sector salud es fundamental para diseñar soluciones sostenibles y reducir las barreras que obstaculizan la llegada efectiva de nuevas terapias a los pacientes.
El panorama que revela el estudio no es optimista. Con la constante innovación clínica, las agencias reguladoras enfrentan mayores desafíos y retrasos, en un contexto donde la crisis provocada por la pandemia de COVID-19 también ha afectado los presupuestos de los sistemas de salud en toda la región. La directora ejecutiva de FIFARMA, Yaneth Giha, señaló que “Latinoamérica tiene el talento y la infraestructura necesaria para liderar en investigación y apertura a la innovación, pero ese avance debe ir acompañado de políticas que aseguren un acceso equitativo. La verdadera transformación se produce cuando la innovación llega a todos los pacientes, sin importar en qué país o región se encuentren”.
Entre los hallazgos principales del estudio destaca que el 91% de las terapias aprobadas en los últimos diez años no mostraron mejoras significativas en el acceso respecto a 2024. Solo el 44% de los medicamentos aprobados por las agencias internacionales se encuentran autorizados en al menos un país latinoamericano, y solo el 33% de ellos están disponibles en el sector público. Además, menos del 10% de estos medicamentos aumentaron su disponibilidad en la región, evidenciando la necesidad de acelerar procesos y políticas que faciliten el ingreso y distribución de tratamientos de última generación.
Este análisis resalta la urgencia de fortalecer los sistemas regulatorios y de salud para que las innovaciones médicas beneficien realmente a toda la población. La brecha en el acceso no solo limita las opciones de tratamiento, sino que también implica un impacto directo en la salud y bienestar de millones de pacientes en la región. La colaboración y el compromiso de todos los actores involucrados serán claves para acortar estos tiempos y transformar el panorama sanitario en beneficio de todos.
