PrEP y PEP: dos estrategias de prevención del VIH que debes conocer
En el panorama actual de la salud sexual, la prevención del VIH ha evolucionado más allá del uso del condón, ofreciendo herramientas biomédicas altamente efectivas que ponen el control directamente en manos de las personas. Entre estas herramientas destacan dos con nombres similares pero funciones distintas: la PrEP y la PEP. Conocer la diferencia entre ellas, cómo funcionan y cuándo se usan, es fundamental para tomar decisiones informadas sobre la salud sexual propia y de la comunidad.
La PrEP, o Profilaxis Preexposición, es una estrategia de prevención que consiste en tomar medicamentos antirretrovirales de manera continua y preventiva para reducir significativamente el riesgo de adquirir el VIH. No es una vacuna, sino una pastilla que, tomada diariamente según prescripción médica, crea una barrera biológica en el organismo que impide que el virus se establezca en caso de una exposición. Es una opción recomendada para personas que tienen un riesgo sostenido de infección, como aquellas con parejas serodiscordantes (donde una persona vive con VIH y la otra no) o personas que, por diversas circunstancias, pueden tener exposiciones frecuentes.
¿En qué se diferencia la PrEP de la PEP?
Aquí es donde muchas personas pueden confundirse. Mientras la PrEP es una medida proactiva y continua, la PEP, o Profilaxis Post Exposición, es una medida reactiva y de emergencia. La PEP es un tratamiento corto con antirretrovirales que se inicia lo antes posible, idealmente en las primeras 2 horas y siempre antes de que transcurran 72 horas, después de una exposición de riesgo real o percibida al VIH (como una ruptura de condón o una situación de violencia sexual). Su objetivo es detener la infección antes de que se establezca, pero no está diseñada para ser un método de prevención habitual.
Para visualizarlo mejor:
- PrEP: Es como un paraguas que llevas contigo todos los días porque sabes que hay posibilidad de lluvia. Te protege de manera constante.
- PEP: Es como una pastilla que tomas después de haberte mojado en un aguacero inesperado, para evitar que te dé gripe. Es para una emergencia específica.
Acceso e implementación: un modelo innovador en acción
El acceso a estas herramientas es un pilar de la salud pública. En este sentido, han surgido iniciativas pioneras que buscan derribar barreras. Un ejemplo notable es el modelo “PrEP UNAM”, una colaboración entre la Universidad Nacional Autónoma de México, el IMSS y organizaciones de la sociedad civil como Derechohabientes Viviendo con VIH del IMSS (DVVIMSS).
Este programa, disponible en la Unidad de Medicina Familiar No. 94 del IMSS, acerca la PrEP de manera gratuita a la comunidad universitaria, integrando educación, consejería y seguimiento médico. Luis Adrián Quiroz Castillo, coordinador de DVVIMSS, señala que se trata de “fortalecer el desarrollo del modelo ‘PrEP UNAM’ como estrategia para acercar la prevención del VIH a los espacios educativos”. Este esfuerzo no solo facilita el acceso a la PrEP, sino que promueve un entorno libre de estigma, donde la prevención se aborda con información científica y respeto a los derechos humanos.
La prevención combinada: un enfoque integral
Es crucial entender que ni la PrEP ni la PEP son estrategias aisladas. Ambas forman parte de lo que se conoce como prevención combinada, un enfoque que integra múltiples herramientas para ofrecer una protección robusta. Este conjunto incluye:
- Uso correcto y constante del condón (que también previene otras ITS y embarazos).
- Pruebas regulares de VIH y otras ITS para conocer el estado de salud.
- Tratamiento antirretroviral para personas que viven con VIH, ya que una carga viral indetectable hace al virus intransmisible (I=I).
- Circuncisión masculina médica voluntaria (en algunos contextos).
- Programas de reducción de daños para personas que usan drogas inyectables.
- Educación sexual integral basada en evidencia.
La PrEP y la PEP son poderosos complementos dentro de este kit de herramientas. La decisión de usar PrEP debe tomarse en consulta con un profesional de la salud, quien evaluará el riesgo individual, realizará las pruebas necesarias (como de VIH, función renal y hepatitis B) y dará seguimiento periódico. Por su parte, la PEP debe buscarse de inmediato en servicios de urgencia o clínicas especializadas ante una exposición de riesgo.
Romper mitos y estigmas en torno a estas estrategias es parte del camino. Utilizar PrEP no es una licencia para tener conductas irresponsables, sino una demostración de autocuidado y responsabilidad sexual. Del mismo modo, solicitar PEP es un acto de protección legítimo. Informarse, conocer las opciones disponibles y conversar abiertamente sobre salud sexual son pasos clave para construir una vida sexual más segura, plena y libre de prejuicios.

