Otitis externa, prevenir y tratar el “oído del nadador”

El verano trae consigo días soleados, vacaciones y la irresistible invitación del agua. Ya sea en la alberca, el mar o un balneario, sumergirse es uno de los mayores placeres de la temporada. Pero esta actividad tan refrescante tiene un efecto secundario común que puede arruinar cualquier día de descanso: la otitis externa. Conocida popularmente como “oído del nadador”, esta infección es más que una simple molestia; es una condición que afecta el conducto auditivo externo y que, debido a la humedad prolongada, se convierte en un problema frecuente entre niños y adultos.

La otitis externa ocurre cuando el agua queda atrapada dentro del oído, creando un ambiente húmedo y cálido que altera el equilibrio natural de la piel del conducto auditivo. Este cambio permite que bacterias u hongos, que normalmente coexisten sin causar daño, se multipliquen de manera descontrolada y provoquen una infección. El riesgo no solo está en el agua contaminada, sino en nuestras propias acciones al intentar resolver la sensación de humedad. Muchas personas, sin saberlo, empeoran la situación con prácticas que parecen inofensivas.

Síntomas claros: Cómo saber si tienes otitis externa

Identificar los signos tempranos de una otitis externa es clave para actuar a tiempo. La infección suele comenzar de manera sutil, pero sus síntomas evolucionan con rapidez. Al principio, puedes sentir una comezón persistente dentro del oído y la sensación incómoda de tenerlo “tapado”. Con el paso de las horas, este malestar puede convertirse en un dolor agudo que se intensifica al tocar o mover el lóbulo de la oreja, e incluso al masticar. Otros indicadores comunes incluyen:

  • Una leve pérdida de audición o sensación de oído “apagado”.
  • Enrojecimiento e hinchazón en la entrada del conducto auditivo.
  • Secreción de líquido transparente, amarillento o, en casos más avanzados, pus.
  • Dolor que se irradia hacia el cuello, la mandíbula o el costado de la cabeza.

Si experimentas estos síntomas, es fundamental no ignorarlos. El Dr. Francisco Javier Saynes Marín, otorrinolaringólogo, advierte: “La otitis externa no se resuelve sola. Retrasar el tratamiento puede hacer que la infección se profundice, aumentando el dolor y complicando la recuperación”.

Las dos prácticas que debes evitar a toda costa

Cuando sentimos agua en el oído o una leve molestia, el instinto nos lleva a buscar soluciones inmediatas. Sin embargo, dos acciones comunes son las principales responsables de agravar o incluso causar una otitis externa.

La primera es el uso de hisopos de algodón. Introducir cualquier objeto en el conducto auditivo, ya sea un hisopo, un pasador o la punta de una toalla, es un error grave. “Estos elementos pueden causar microabrasiones en la piel, rompiendo su barrera protectora”, explica el Dr. Saynes Marín. “Esas pequeñas heridas son la puerta de entrada perfecta para las bacterias, transformando una simple humedad en una infección dolorosa”.

La segunda práctica peligrosa es la automedicación. Aplicar gotas óticas que sobraron de un tratamiento anterior, usar remedios caseros como mezclas de alcohol y vinagre sin supervisión, o tomar analgésicos sin un diagnóstico preciso puede enmascarar el problema. Peor aún, si existe una perforación no diagnosticada en el tímpano, ciertas gotas pueden causar daños irreversibles. El tratamiento correcto, que suele incluir gotas antibióticas o antifúngicas recetadas, solo puede ser determinado tras una revisión médica con un otoscopio.

Prevención efectiva: Disfruta del agua sin riesgos

La buena noticia es que la otitis externa es altamente prevenible. Incorporar hábitos sencillos antes, durante y después del contacto con el agua puede marcar la diferencia entre un verano divertido y uno plagado de molestias.

Después de nadar:

  • Inclina la cabeza hacia cada lado, tirando suavemente del lóbulo de la oreja, para permitir que el agua salga por gravedad.
  • Seca solo la parte externa de la oreja y la entrada del conducto con una toalla limpia y suave. Nunca forces la toalla hacia dentro.
  • Puedes usar un secador de cabello en la temperatura más baja y sosteniéndolo a al menos 30 centímetros de distancia, dirigiendo el aire suavemente hacia el oído por unos segundos.

Hábitos generales de cuidado:

  • Elimina por completo el uso de hisopos. Su única función segura es limpiar los pliegues externos de la oreja.
  • Si eres propenso a las infecciones o nadas con frecuencia, consulta a un otorrinolaringólogo. Puede recomendarte tapones auditivos a la medida que sellan el conducto de manera eficaz y cómoda.
  • Mantén los oídos lo más secos posible. Si sientes humedad persistente, evita nadar hasta que la sensación desaparezca por completo.

Cuándo acudir al médico de inmediato:

  • Si el dolor es intenso y no cede con analgésicos comunes en 24-48 horas.
  • Si presentas fiebre o hinchazón extensa alrededor de la oreja.
  • Si la secreción es abundante o tiene mal olor.
  • Si experimentas vértigo, mareo severo o pérdida auditiva considerable.

Nuestros oídos son órganos sensibles y vitales para conectarnos con el mundo. La otitis externa es una condición que, con información y precaución, podemos mantener a raya. Permitir que un error común como el uso de hisopos arruine nuestros planes es evitable. Al adoptar una rutina de secado cuidadoso y respetar la integridad del conducto auditivo, podemos asegurarnos de que los únicos sonidos del verano sean las risas y las olas, no el zumbido molesto de una infección.