Mis Días de Luna: la serie que está rompiendo tabúes sobre la menstruación

Para muchas niñas y adolescentes, la llegada de la primera menstruación está rodeada de silencio, confusión e incluso miedo. La falta de información clara y accesible, sumada a los estigmas sociales que persisten, puede convertir un proceso natural en una experiencia de angustia y aislamiento. Frente a esta realidad, nació Mis Días de Luna, una serie radiofónica que está transformando la conversación sobre la salud menstrual, llevando un mensaje de educación, dignidad y acompañamiento a rincones donde estas palabras a menudo no llegan.

Esta iniciativa, presentada por UNICEF y Saba, marca de Essity, ha demostrado el poder de los medios comunitarios para cerrar brechas. Al ser transmitida a través de radios indígenas y comunitarias en múltiples estados, Mis Días de Luna ha alcanzado una audiencia potencial de millones de personas, muchas de las cuales enfrentan barreras de conectividad digital o viven en localidades donde el tema sigue siendo un tabú difícil de abordar incluso en familia. Su formato sonoro, íntimo y cercano, crea un espacio seguro para escuchar, aprender y sentirse acompañada.

Una historia cercana que refleja experiencias reales

El corazón de Mis Días de Luna late con la historia de Meztli, una adolescente de 14 años que, como tantas otras, navega las dudas, cambios y descubrimientos de su ciclo menstrual. A lo largo de 22 episodios, la serie aborda con naturalidad y calidez temas cruciales que rara vez se discuten abiertamente:

  • Cómo prepararse para la primera menstruación y qué cambios físicos y emocionales esperar.
  • La importancia de acceder a productos de gestión menstrual seguros y adecuados.
  • El impacto negativo de los mitos y estigmas, y cómo enfrentarlos.
  • El rol fundamental del apoyo familiar, escolar y comunitario para vivir la menstruación con dignidad.

El nombre de la serie no es casual. Mis Días de Luna se inspira en la sabiduría de pueblos originarios, como el otomí, que históricamente han vinculado el ciclo menstrual con los ritmos de la luna y la naturaleza, reconociéndolo como un proceso poderoso y conectado con el cosmos. Este enfoque culturalmente pertinente permite que el mensaje resuene con mayor profundidad en diversas comunidades.

El impacto de una conversación necesaria

Los datos no dejan lugar a dudas sobre la urgencia de iniciativas como esta. Según la Segunda Encuesta Nacional de Gestión Menstrual, dos de cada tres personas recibieron poca o ninguna información al momento de su primera regla. Además, la edad de la menarquia (primera menstruación) sigue presentándose, en muchos casos, entre los 9 y los 11 años, lo que subraya la necesidad de que la educación menstrual comience desde la infancia.

“El interés que ha generado Mis Días de Luna confirma que en México existe una gran necesidad de información confiable sobre la salud menstrual”, señala Fabiola Acosta Manning, Oficial Nacional de Alianzas Corporativas de UNICEF en México. Por su parte, Ximena Magaña, Marketing Manager de Saba, enfatiza que la marca busca que hablar del ciclo menstrual esté en todos los espacios cotidianos, haciendo la conversación más abierta y sin tabúes.

El alcance de la serie continúa expandiéndose. Además de la red de radios comunitarias, Mis Días de Luna se transmite ahora a través de Radio Educación, ampliando su cobertura nacional. Paralelamente, para llegar a audiencias jóvenes y urbanas, todos los episodios están disponibles en plataformas digitales como Spotify y Apple Podcasts, permitiendo que cualquier persona, en cualquier momento y lugar, pueda acceder a este contenido valioso bajo demanda.

Más que un programa de radio, Mis Días de Luna es una herramienta de cambio social. Desarrollada con el respaldo de manuales avalados por UNICEF y la asesoría de educadoras menstruales, y basada en testimonios reales de niñas, la serie integra evidencia científica, educación sexual integral y un firme enfoque en los derechos de la infancia. Al normalizar la conversación, está ayudando a construir un país donde ninguna niña tenga que vivir su menstruación con vergüenza o desinformación, sino con el conocimiento y la confianza que merece para escribir su propia historia.