Ejercicios recomendados para pacientes con EM: clave para preservar movilidad y bienestar
Mantenerse activo puede marcar una gran diferencia en la calidad de vida de pacientes con EM. La esclerosis múltiple es una enfermedad neurológica que interfiere en la comunicación entre el cerebro y los músculos, causando síntomas que van desde debilidad y pérdida de coordinación hasta fatiga y espasticidad. Sin embargo, la evidencia médica muestra que una rutina de ejercicio adaptada puede fortalecer los músculos, mejorar el equilibrio y reducir algunos síntomas relacionados con esta condición. Como señala Sarah Bell, fisioterapeuta especializada en trastornos neurológicos, “el ejercicio regular ayuda a proteger las regiones del cerebro que aún están funcionando, favoreciendo mayor independencia y una mejor percepción de control sobre la enfermedad”, comentó Sarah Bell, fisioterapeuta de Mass General Brigham
Importancia del ejercicio en la gestión de la esclerosis múltiple
Numerosos estudios han confirmado que los ejercicios para pacientes con EM no solo mejoran la salud física, sino que también benefician la salud mental y emocional. La fatiga, uno de los principales síntomas, afecta a cerca del 80% de quienes viven con esta enfermedad. Otros síntomas comunes son la rigidez muscular, los problemas de equilibrio, la visión borrosa, los calambres y la sensibilidad al calor. La práctica constante de ejercicio puede disminuir la intensidad de estos síntomas y retrasar la progresión de la discapacidad. Además, ayuda a mantener la motivación y el estado de ánimo, ya que muchas personas con EM experimentan depresión y ansiedad que, si son manejadas correctamente, pueden mejorar su bienestar general.
¿Qué tipos de ejercicios son más efectivos?
Sarah Bell divide los ejercicios para pacientes con EM en cuatro categorías, cada una con beneficios específicos y adaptados a las necesidades de cada persona:
- Ejercicios aeróbicos
Estos contribuyen a reducir la fatiga, mejorar la salud cardiovascular y aumentar la resistencia. Se recomienda realizar al menos 150 minutos de actividad moderada por semana, distribuidos en varias sesiones. Caminar, nadar, andar en bicicleta o clases de aeróbicos suaves son excelentes opciones. Para quienes tienen fatiga intensa, los entrenamientos en intervalos —alternar períodos cortos de esfuerzo con descansos— pueden ser más tolerables y efectivos. - Estiramientos
El estiramiento diario ayuda a reducir la rigidez muscular (espasticidad) y mejorar la movilidad articular. Es recomendable dedicar unos 20 a 30 segundos a cada grupo muscular, haciendo sesiones varias veces al día. Los principales músculos a trabajar son las pantorrillas, isquiotibiales y los flexores de cadera. Se recomienda primero consultar con un fisioterapeuta para que adapte un plan personalizado que evite lesiones. - Fortalecimiento muscular
El entrenamiento de fuerza, con pesas ligeras, bandas elásticas o simplemente con el peso corporal, ayuda a mantener la función muscular y disminuir la debilidad que puede ocasionar la EM. Este tipo de ejercicio debe hacerse 2 a 3 veces por semana, con días de descanso entre sesiones. Además, fortalecer los músculos ayuda a mejorar el control postural y reduce la fatiga. - Ejercicios de equilibrio y coordinación
El entrenamiento de equilibrio puede prevenir caídas y mejorar la estabilidad. Actividades simples en casa, como mantenerse parado sobre un pie durante 30 segundos o caminar en línea recta, son fáciles y efectivas. Para mayor dificultad, cerrar los ojos o caminar sobre superficies irregulares puede incrementar el reto, fortaleciendo la confianza en los movimientos y fortaleciendo la coordinación general.
¿Cómo iniciar una rutina de ejercicios de forma segura?
Antes de comenzar cualquier programa, es imprescindible consultar con un fisioterapeuta especializado en pacientes con EM. Él o ella podrá personalizar una rutina acorde a tus niveles de fuerza, equilibrio, limitaciones y síntomas específicos. Algunas recomendaciones útiles incluyen:
- Iniciar con sesiones cortas, de 10 a 15 minutos, y aumentar gradualmente la duración y la intensidad.
- Utilizar apoyos como bastones o barras cuando sea necesario.
- Realizar ejercicio en momentos del día en que se tenga más energía.
- Aplicar técnicas de enfriamiento, como chalecos o paños húmedos, para mantener la temperatura corporal bajo control y evitar que la fatiga se agudice.
- Escuchar el cuerpo y no forzar más allá de los límites, respetando siempre las señales de fatiga o malestar.
¿Por qué son fundamentales los ejercicios en la calidad de vida de los pacientes con EM?
Incorporar ejercicios para pacientes con EM en la rutina diaria no solo ayuda a mantener la movilidad y la autonomía, sino que también puede transformar la percepción que tienen de su enfermedad. La práctica regular motiva a seguir participando activamente en actividades sociales y laborales, reduces las recaídas o el empeoramiento de los síntomas y ayuda a gestionar mejor el estrés y la ansiedad asociados a la condición. La comunidad médica enfatiza que, si bien el ejercicio no cura la esclerosis múltiple, sí es una herramienta poderosa para reducir complicaciones, retrasar progresiones y mejorar la calidad de vida. La clave está en la constancia, la adaptabilidad y el acompañamiento profesional, asegurando que cada paciente con EM pueda realizar ejercicios seguros y efectivos en función de su estado y capacidades.
Implementar una rutina de actividad física personalizada es, sin duda, uno de los pasos más importantes hacia una gestión integral de la enfermedad. No solo ayuda a mantener la movilidad y reducir los síntomas, sino que también empodera a las personas con EM, promoviendo una mayor autonomía y un mejor bienestar emocional. La evidencia confirma que el compromiso con el ejercicio, bajo supervisión y con una estrategia adaptada, puede marcar una diferencia significativa en el desarrollo de la enfermedad y en la percepción que cada paciente tiene de su propia vida.
El trabajo clínico y la experiencia indican que estimular a los pacientes con EM a mantenerse activos no solo favorece sus capacidades físicas y cognitivas, sino que también crea un entorno más inclusivo y comprensivo, donde la incertidumbre y el miedo dan paso a la esperanza y la esperanza al empoderamiento. La adherencia a un programa de ejercicios adecuados y sostenibles es, sin duda, un pilar fundamental en la atención y cuidado de los que enfrentan esta condición, aportando beneficios que van mucho más allá del aspecto físico.
